Desarrollo evolutivo del lenguaje infantil

Desarrollo del lenguaje entre 0 y 6 años

La comunicación, desde que nacemos, es como un puente que cubre la distancia entre nosotros y los demás. Aprender a hablar desde que nacemos es natural, aunque se pueden presentar algunas dificultades que, en general, se solucionan con un enfoque apropiado. En la interacción entre el bebé y su medio se observan conductas comunicativas que permiten conocer el estado fisiológico y afectivo.
 
La mayoría de los problemas del lenguaje son pasajeros, se corrigen solos a medida que el niño/a va madurando y adquiriendo destreza en la articulación de los distintos fonemas.
 
A continuación, revisamos las fases del desarrollo normal del lenguaje infantil y los posibles indicadores de trastornos que requieren consultar con un especialista: pediatría, logopedia o psicología.
 

Metas que se deben lograr para aprender a hablar


Fuente: «Manual de Atención Temprana», pág. 218; Euroinnova Editorial, Código Edición MAN_EU_817f. Granada © 2020



 

 

 


 

0 a 18 meses

En el primer año y medio de vida, antes incluso de hablar de “lenguaje”, es importante prestar atención a la capacidad de comunicar y relacionarse con las personas de su entorno.
 
Las señales importantes de la capacidad de comunicar para observar son:
 

  • Mirar a los ojos.
     
  • Sonreírle al otro.
     
  • Los llamados “gestos deícticos”, que aparecen entre los 9 y 12 meses de edad. Se refieren a señalar, mostrar, indicar, dar, ofrecer, acompañados de la mirada que se desplaza entre el objeto y la persona. Constituyen un importante paso para el desarrollo simbólico.
     
  • Los “gestos referenciales”: aplaudir para decir “¡bravo!”, abrir y cerrar la mano para decir “hola-adiós”, agitar la cabeza para decir “no”.
     

La aparición de estas habilidades nos dice que el niño/a está desarrollando un buen impulso para querer comunicarse; se trata del surgimiento de la “intencionalidad comunicativa”, que es el requisito previo al dominio del lenguaje.

Si estas señales no aparecen después del año y medio de edad, es recomendable consultar con un especialista.


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18 meses a 2 años de edad

A partir del año, se empieza a desarrollar el lenguaje que es la forma más evolucionada de comunicación humana. Los niños/as comienzan a comprender cada vez más cantidad de palabras y a pronunciar algunas.
 
Entre los 18 y los 24 meses, el vocabulario aumenta rápidamente, aunque hay que considerar que cada niño/a es diferente.
 

  • Un niño/a de dos años generalmente tiene una excelente comprensión del lenguaje, logrando entender peticiones u ordenes verbales como “ve al baño”, “toma la pelota grande”, “¿dónde está papá?” sin necesidad de acompañar la frase con gestos.
     
  • Logra expresar bien sus necesidades, aunque no use las palabras.
     
  • Emite oraciones de más de dos palabras y utiliza su nombre.
     

Si esto no sucede, o si usted tiene la impresión de que el niño/a no oye, está distraído/a y desinteresado/a en la relación y la comunicación es oportuno consultar con un especialista.


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2 a 3 años de edad

Entre los 2 y los 3 años de edad, el lenguaje se desarrolla muy rápidamente y a partir de los 3 años se vuelve un instrumento muy importante en todas las relaciones sociales.
 
Son frecuente manifestaciones de rabia y frustración cuando el niño/a no logra expresarse bien. Podemos observar un lenguaje repetitivo o palabras sueltas, orden inusual de las palabras en algunas frases, ausencia de comunicación verbal o ausencia de lenguaje expresivo.
 

Es importante observar estos momentos de frustración y evaluar junto con los especialistas si es apropiado ayudar al niño/a con sesiones logopedia para apoyar el desarrollo del lenguaje.


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3 a 6 años de edad

Desde los 3 a los 6 años de edad es importante controlar la evolución del lenguaje prestando atención a la precisión de los sonidos y a una adecuada construcción de las frases.
 
Es una etapa evolutiva donde se logra soltura en el habla, aunque es posible que la dicción no sea siempre clara ni entendible del todo.
 
En este periodo son comunes los momentos transitorios de tartamudeo que, normalmente, se resuelven espontáneamente. En estos casos, es bueno que la familia no estrese al niño/a; es decir, que se evite anticipar lo que quiere expresar respetando sus tiempos con dulzura y serenidad.
 
Si los periodos de tartamudeo se prolongan, o están asociados a otras señales de estrés como trastornos del sueño o nerviosismo, es el momento de consultar con el especialista.
 
Con 3 años tiene que tener adquiridos los fonemas m, n, ñ, p, t, k, b, j y l. Ejemplos: “ufanda” en vez de bufanda, o “totas” en vez de botas.
 
Con 4 años además los fonemas d, g, f y ch. Ejemplos: “tato” en vez de gato o “saqueta” en vez de chaqueta.
 
A partir de los 5 años otros sonidos como s, c, r y rr, y ciertas combinaciones de consonantes como s + c, c + l y c + r. Ejemplos: “calase” en vez de clase; “bazo” en vez de brazo.
 
La pronunciación incorrecta de un sonido, que se omite o se sustituye por otro, en edades en la que ya no debería ocurrir se denomina “dislalia”.
 
Habría que consultar con un especialista si no articulan correctamente los sonidos que deberían tener adquiridos a esta edad. Y si, además de los defectos de articulación, hay otras alteraciones del lenguaje, si apenas habla y se comunica con más frecuencia usando gestos o ruidos, o si no llega a decir frases de dos palabras.
 

Importante tener en cuenta en esta fase del desarrollo infantil

Entre los 3 y los 6 años de edad, con el inicio de la escolarización, los niños/as pueden tener problemas para hablar en la escuela, mientras que logran hablar en situaciones en donde se sienten más cómodos y seguros como en su casa.
 

Estos casos de mutismo selectivo, es un «trastorno de ansiedad» que interfiere con la comunicación social y afecta en los resultados escolares.

Para un diagnóstico correcto, los síntomas deben persistir después del primer mes de concurrir a la escuela para excluir que el mutismo se deba al simple hecho que el niño/a aún no se ha adaptado.
 
En la escuela, en general, los niños/as con mutismo selectivo se muestran inmóviles y sin ninguna expresión en el rostro. Suelen evitar el contacto físico y visual. Estos niños/as son muy hábiles para usar el lenguaje no verbal: indican, hacen señas con la cabeza, escriben o se quedan impasibles hasta que el interlocutor adivina la respuesta. Es importante, para establecer estrategias terapéuticas adecuadas, diferenciar la timidez del mutismo selectivo que a menudo son, erróneamente, confundidos.
 
La timidez no es un trastorno clínico definido sino un rasgo de la personalidad, y no existen sugerencias terapéuticas para su tratamiento.
 
Una diferencia fundamental entre un niño/a tímido y un niño/a con mutismo selectivo es que el tímido, cuando es necesario, es capaz de hablar, incluso mínimamente, en ambientes públicos, mientras que el niño/a con mutismo no es capaz de hacerlo.
 
En estos casos se usa la terapia cognitiva-conductual. El terapeuta trabaja gradual y sistemáticamente con el niño/a usando refuerzos positivos para aumentar su confianza, ayudando a encontrar su voz. También se trabaja con la familia para aplicar estas técnicas en los entornos de vida cotidiana del niño/a.
 

Si los padres, o los profesores, sospechan que el niño/a padece de mutismo selectivo es bueno consultar con el especialista.


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